lunes, 7 de mayo de 2012
Conceptos/nociones/categorías/voces
lunes, 26 de marzo de 2012
Despertar de ti
Corrí como si hubiera tenido que tener miedo de algo. A cada gran paso caída en charco. Pasos huyendo del viento, otros de gotas de lluvia que empezaban por donde venía y me sorprendían a donde llegaba. Todavía encontré a vecinos apresurándose a guardar sus cosas en casa. Ellos reían, pero a mí esta clase de tormentas no me agradan, me traen todas las sospechas que durante días soleados quedan resguardadas. Así entonces llueve por todos lados, de arriba para abajo, de un lado para otro y de adentro hacia afuera, provocando remolinos que empapan aunque sólo se salga por unos minutos y se regrese más pronto a casa de lo que costó haberse preparado para salir. Todo mojado; chanclas, short, camisa, suéter, cabello y si hubiera traído más ropa, más ropa nombraba.
El día no sólo se atardece mientras nosotros andamos teniendo nuestras mejores pesadillas. Culpo a los truenos de haberme despertado, al viento que hacía golpear al candado contra la puerta y a los vecinos que, dando sus propios grandes pasos, corrían porque ya tomaban precauciones que sólo a los despiertos da tiempo de tomar. El regreso a casa es tanta agua y algo de respiración agitada, ligeros pasos por culpa de impredecibles circunstancias provocan ruido suficiente para despertarlo, pero no para mantenerlo así.
Quise ver desde la comodidad la lluvia, se molestó porque él todavía quería dormir. Y es que aunque es tanta y empaña y el día ya andaba medio atardecido, entraba toda la luz que a mí me hace siempre falta para pensarme segura, despierta, abierta, fresca de espacio pronunciado con indiferencia de la lluvia hacia afuera. Tengo todo allá mientras con serenidad puedo permanecer aquí adentro. Tal me basta, pero de repente tengo que verlo para seguírmela creyendo. Amor no te despertaré, amor sólo será una esquinita de luz la que inunde nuestra cama.
martes, 22 de noviembre de 2011
Aunque quisiera sospechar, sólo imagino
Acabando de leer, y es impresionante. Todo el tiempo delante de ti, los libros permanecen en un silencio parecido al que guarda el que más. Una no se imagina, y uno tampoco, cuánto nos estamos perdiendo al sólo pasar delante de ellos. Contentándonos con tenerlos ahí. Verlos ahí consuela, pero no tenemos idea de que tal consuelo puede gratificantemente impresionar, ilustrar, desenvolver nuestras más intensas inquietudes, ésas que también calladas permanecían, mudas hasta que a libro abierto se detonan, no se pueden controlar.
Así estando y tratando de ordenar, reflexionar, desarrollar y escribir, llega el amor de mi vida a preguntarme qué estoy haciendo. Yo no simulo nada, al contrario, no hay por qué. Mi posición era la más complicada, pero no la menos explicable o entendible; Sobre la cama, con papeles impresos apilados por un lado, otros tantos guardados en una bolsa de plástico transparente, unos acabados de leer, acabados de desordenar, pluma, marcador, cuaderno, computadora, audífonos sobre cama bien tendida por la parte por donde cotidianamente descansan los pies y mal tendida por donde a las almohadas se recurre, yo cansada de todas las posiciones, pero atenta e impresionada por todo lo que en libro (o fotocopias de libros) estaba encontrando, permanecía hincada, una rodilla sobre la cama, la otra flotando y manteniendo un pie indistinto al aire, con una mano en la página en cuestión, otra con la pluma casi metida en la boca, lentes puestos, mirada clavada cual la que no tiene miedo de perder el equilibrio, pues sabe que si cae lo hará en entendido. No me imagino qué otra cosa pudo haber imaginado que yo estaba haciendo como para formular la duda, pero está bien, acepto que puede sorprender, y acepto el tener que ofrecer una respuesta que no sólo le resulte satisfactoria, sino que también logre contagiar a mi amor del entusiasmo que tal desorden sobre la cama me está generando.
Aunque así quise, así no fue. No hizo falta más de un segundo para que me diera cuenta de que en realidad, a él no le interesaba para nada ni lo que yo estaba leyendo, ni lo que me estaba haciendo reflexionar, ni la excitación que por ello estaba sintiendo, ni la inquietud que en mí estaba generando, ni lo que a partir de ello estaba deseando, ni si mis deseos encontrarían hilos negros, detuvieran abusos, cambiaran vidas, generaran fuerzas, produjeran interrogantes o hicieran reír a cualquiera. Nada de esto era importante. A él le parecía sospechoso. Él desconfiaba antes de tener un genuino interés por lo que a mí me llamaba tanto la atención.
Nada respondí, ni siquiera volteé. Nada necesitaba responder. En realidad, y a ojos de cualquiera, no estaba haciendo nada. Puede que la posición no fuera la más común, pero no considero que tal pudiera ser motivo para sentirse amenazado. Creo que para llegar a ella había recientemente movido mi corporalidad entera y, aunque mantenido toda mi atención en aquella, en cuestión, página, creo que tal movimiento, que tampoco era normal, fue lo que le hizo sospechar. Creo, sólo creo, supongo, adivino, nunca sospecho, que pensó que estaba haciendo cualquier otra cosa y que había dejado de hacerla para entonces sí ponerme a leer o ponerme a aparentar que leía, para que en el momento en el que él abriera intempestivamente la puerta, pudiera enterarse de que sólo hacía eso de lo que nunca nadie pudiera desconfiar (o no en estos días).
Si a sus dudas hubiera contestado: “estoy leyendo algo padrísimo (y es que así de coloquialmente tengo que dirigirme a él) sobre la sociedad mexicana en el siglo XVII, sobre los intereses que tenían los colonos españoles, los grandes empresarios que junto con los criollos y los miembros del clero secular, creían que era necesario favorecer la disolución de los pueblos de indios, pues en ellos, los indios estaban siendo sometidos a los atropellos de los corruptos miembros de las autoridades gubernamentales, al maltrato de los señores naturales y al mantenimiento de la buena vida de los frailes mendicantes…” él hubiera dejado de poner atención en el momento en el que yo mencionara “siglo XVII”.
Esto no me lo estoy imaginando, esto lo comprobé minutos después. Minutos después, después de que nada respondí y que insatisfecho quedó con mi no respuesta, pero en silencio por no poder objetarme nada, me asomé a la sala para que en cuanto tuviera un minuto, de entre los minutos que imagino dedica a alimentar un espíritu tan inquieto como el mío, pudiera compartirle de mi placer: “estoy leyendo algo muy interesante (ya reflexionando sobre la posible forma de transmitírselo) sobre la colonia”. Él interrumpe, “sobre la colonia viaducto-piedad?”, me bromea. “Sí, sobre los chismes de todos los vecinos”, me conformo.
No me solté a carcajadas, no me solté a llorar, no me sorprendió, no me desilusionó, pero no esperaba tan poco de él. Hace poco, ya no sé si segundos o minutos, llegó a plantearme su preocupación por la falta de comunicación que entre ambos sentía. Decía que sobre temas superficiales podíamos manejarnos perfectamente, pero que cuando se trataba de lidiar con problemáticas más profundas, algo entre nosotros pasaba que en discusiones siempre terminábamos. Él seguía refiriéndose a sus sospechas, yo sólo pude pensar en horas antes. Horas antes, mientras yo lavaba los platos y él se disponía a preparar una sopa campbell´s*, yo reaccioné con cierto asco al ver y oler el contenido de su lata mientras él lo notó. Para aclarar la mueca, le conté que alguna vez tuve que hacer uso del contenido de varias latas de campbell´s para simular una vomitada y que, a partir de ello, no podía dejar de pensar en lo que en aquellos tiempos pretendí simular, aunque había consumido veces después sopas campbell´s. Él respondió “pues ya supéralo”.
Yo no imagino cuántas veces él habrá simulado vomitadas con sopas o visto que la gente hace uso de ellas para hacer de cuenta que alguien vomitó. Yo no creo, no supongo, no adivino y hasta no sospecho que él haya tenido referencia anterior sobre casos semejantes al que horas antes le comentaba. Intencionalmente y sólo porque poseo una creatividad e inteligencia con sencilla pero evidente relevancia, le platiqué al respecto tratando de motivar su curiosidad por un caso cuya probabilidad de suceder es poca y cuyo contexto pudiera resultar llamativo para el tipo de cosas que a él interesan, simples, cotidianas, superficiales (si así lo quiere), deseando que el comentario pudiera convertirse en dichosa plática.
Así no fue, así no quiso que fuera. Superficialidades. No necesitaba enterarse de nada, es una historia interesante pero nada relevante, nada profunda, nada que cambie su opinión sobre mí o mis talentos para hacer de sopas, vomitadas. A mí sí me entristeció, no lloré, no me sorprendió, pero sí me desilusioné, pues opino lo mismo: sí tenemos problemas de comunicación y éstos también tienen que ver con cosas superficiales.
En general, no soy una mujer parlanchina, sino todo lo contrario. De hablar no sé mucho, espero que (por su bien) de escribir sí, pero de hablar, definitivamente NO. Temas, formas, tonos, volumen, cadencia, ritmo, intencionalidad, fines, argumentos, exclamaciones, etc., todo lo que diciéndose se expresa, no lo manejo. Iniciar una conversación de la nada es, de entre todas las cosas del mundo, la más complicada, antes podría aprender a respirar bajo del agua. Continuar con una conversación iniciada por alguien más es un poco más fácil, pero no… de verdad, no lo logro. A la gente con la que converso, la tengo que haber conocido desde hace tiempo y tuve con ellos que haber entablado cierta confianza para, entonces sí, poder decir, poder exigirme la naturalidad para hacerlo.
Así de difícil no puede ser con el amor de mi vida, y así de difícil no lo suponía, pero el interlocutor debe por lo menos simular interés para que una conversación funcione. Si de la nada me es imposible, hacia la nada, también.
Horas antes fue sobre sopas, minutos después sobre la Historia que me apasiona y segundos hace sobre la imposibilidad entre nosotros y sus consecuentes discusiones. Justo ahora está en el sofá, pues al querer hablar sobre nuestra falta de comunicación, terminamos peleando, de nuevo.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
Hubiera querido que esa señora me sonriera
lunes, 8 de agosto de 2011
Decir esto:
Desiertos sólo los cuentos que de su tema no avisan. Dan prioridad a esas adivinanzas que tanto detesto y que se niegan a ser respondidas por el mismo terror de sí mismas. Uno no se enfrente a lo que le aturde, pues en su combate aún siente el hormigueo hasta su corazón, corazón que no está para tales increíbles esfuerzos, sino para calmar ansias menos drásticas. Hoy nada se dibujó tan tupido como el tiempo que estuve tratando de llenar mientras me sentí tan alejada de vacíos. Es una sensación extraña, como blindada, pero cuya cualidad no protege, en absoluto, de nada. Tiempo hacía que no me atrevía a comprender las cosas a través de tan densa neblina. Siento cansancio, pesadez, mansedumbre y nunca frío. Humedad. El mínimo rastro del viento se agradece y entonces se entiende lo que antes traté de advertirles pero con palabras más aromáticas. No se abraza la certeza con la claridad, no del todo.
Voy a pandear todas mis repisas, así como agotaré mis reservas de agua. Infructífero el camino que no saca sudor, que no deja marcada una vereda. Jamás podré reconocer el lugar en el que ahora me encuentro, jamás aunque algún día aquí, claramente y por la mañana, me encuentre a solas sentada frente a una mesa dispuesta para ser desayunada. Hay almuerzos que se olvidan para siempre, sin contar con las conversaciones a las que ni aludo, pues no sé si existieron o si prefiero creer que así fue.
Así fue. Mientras uno siembra de noche puede llegar a cosechar cenizas durante el día. Nubes de cenizas hacen llorar mis ojos, perfuman mis ropas. La esperanza viene a ratos con su frescura. Sólo queda respirar profundo y retener en la memoria lo que por todos lados ya se comenzó a desbordar. Poros. Tantos como pelos tengo. O quiero imaginar. Secretos parecían, aunque más claramente, murmullos. Estuve sofocada hasta que me liberé de mis demonios. De ciertos no sólo trataban los cuentos que a mí Me contaba.
martes, 2 de agosto de 2011
Yo a través de otros
Dice, más o menos, esto:
Fig. 1-Yo
tu tanto caminar no te lleva a ningún lado
no puedo creer que te cueste tanto tomar una pinche foto o después mirarla...
que parte de mí, no hay
fingir desencanto no te llevará a nada
vine sólo a verte así, parada, así como eres
diletante, bruja, síguele inventando falsas historias, ...mejor sigue calladita
maldita manera de vestirte
falsa tu pinche comodidad
crees todavía que las cosas llegarán a ti y eres tan pinche orgullosa
me haces enojar
me encabrona tu poca osadía
tu fingida inseguridad combinada con una mesura que más bien es poco valor
mirada cansada del trabajo que nunca has hecho
me río de ti y, como siempre, no haces nada
lloro por ti y, como siempre, estás igual
no dices nada, no me quieres decir nada? no cierras los ojos, no abres la boca
pinche neutra, perfectamente expuesta
virola
feliz cumpleaños escuincla
chueca, pinche mal hecha
me echas a perder el día
no hay plan que se pueda cumplir después de tu poca motivación
tu constante hacer nada
apatía respaldada con una falsa inseguridad
¿por qué te quedas ahí parada?
si algo fuiste, si algo quieres ser
ya cómprate ropa, no mames
y tus lentes?
ni a punto de llorar, ni con ganas de reírte
quita tu pinche cara de angustia
cara cuadrada, cachetes impresionantes
pinches ojotes, das miedo
ya me harté de verte...
extensión de la nada
abuso del mutismo
elogio de la desesperación
incoherente, ilegible, no verbal
por qué no te haces la muerta?
insípida, inodora, incolora
malditos negros!
¿qué te hicieron, por qué no me soportas?
gracias a Dios no fue de cuerpo completo
al menos algo te brilla
Fig. 2-Ellos
la sorpresa e inquietud suscita el movimiento, la actitud frente al mundo resulta fundamental y esa actitud se ve representada en nuestra imagen externa, como es arriba es abajo...
pareces niño
o una forma de llamar la atención
hola Caro, te ves muy linda con ese corte de pelo, tu arete en la nariz forma un triángulo luminoso con tus ojos, la forma de los labios linda también, se te ve un poco seria, eso es normal en ti
eres muy bonita
cómo olvidar las noches de oaxaca, el hogar sin noche y la noche sin dueño
Carolina, Carolina, oh ¿dónde estás Carolina?
te ves bien en esta foto ¿estás ahí?
tscc...
¿quién es Carolina?
en este mundo siempre hay que amar, pero nunca hay quien te ame
sonríe mujer, que de enigmática belleza eres poseedora
que carita traes aquí tan seria, en realidad eres más sexy
es un instante para enamorarse de ti, bella, tersa piel, inquietante ¿qué hay tras tus ojos que no puedo dejar de verlos?
el sentido de la vista es medio para acceder a partir de un interior a un exterior
para comerte mejor
¡ésta no eres tú!
bonitas fotos!
el ocio es una forma de resistencia
no te pareces, aunque sí es tu cara y eso, te ves más linda cuando sonríes
pretexto que en los ojos vislumbra el ser
¿quién te puede conocer?
mirada cilíndrica de mujer pasional, de entenderse a sí misma
la desilusión siempre va acompañada de la ilusión
sexi Lina
Carolina es una mujer que busca y busca y busca, quizá se encuentre con ella misma al final de esa búsqueda, le deseo lo mejor
siempre me ha gustado tu mirada, es distante
creo que tú no tienes nada de una mujer ordinaria, o sí!
Fig. 3-¿Nosotros?
Si hubiera querido escribir una conclusión, hubiera sido:
en qué estaba pensando? no vuelvo a preguntarles!
Este "ejercicio" fue realizado hace varios años, justo el día de mi cumpleaños.
Si supiera por qué tengo que aclarar esto, también se los explicaría.
Valga sólo decirles que en todo se ha cambiado de opinión.
Fig. 4-Detalle
El único verdadero.
